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Fue
bajo el reinado del emperador Teodosio II, o más bien en su nombre,
pues él era solo un niño, cuando se levanto en este lugar la primera
de las líneas amuralladas que con el tiempo se convertirían en la
más colosal y efectiva de las líneas de defensa estáticas conocidas
en la antigüedad. |
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Las
murallas llamadas de Teodosio fueron finalizadas en el año 413, bajo
la dirección del arquitecto Antemio, prefecto del este.
Probablemente contaba ya con una altura de 8 a 12 metros con un
grosor de 5. Por ella se repartían unas 96 torres de entre 18 y 20
metros de altura. |
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Quiso
la fortuna que poco tiempo después, en el 457, y en el contexto de
las guerras con Atila, un fuerte terremoto echase abajo 57 de sus 96
torres, además de largos tramos de su muralla. Ni que decir tiene
del peligro inmediato que esto representaba para la seguridad de la
metrópoli. El prefecto Constantino, volcándose en la tarea, llamo en
auxilio de su ciudad a sus propios habitantes, requerimiento
facilitado por la existencia de un antiguo edicto que para estos
casos así lo ordenaba. Por medio de las grandes facciones,
seguidores de los diferentes equipos que participaban en las
carreras del hipódromo (azules, rojos, verdes), y haciendo que estos
grupos rivalizasen en la obra para la que llegaron a ofrecer hasta
16.000 obreros, logro; no solo reconstruir en dos meses todos los
baluartes derribados, sino reforzar con una nueva muralla exterior
el perímetro de la antigua, a la que añadió frente a la misma,
además, una serie de zanjas o fosos de defensa, obra toda esta ante
la cual el huno Atila tuvo que estrellarse en su intento de
conquistar la capital del Imperio Romano de Oriente. |